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04-04-2016 La historia maneja la paradoja de un hombre que ayuda a todo el mundo, pero es incapaz de hacerlo con su hijo Ariel. El film de reciente estreno se proyecta en Madariaga el jueves a las 21 horas.

El Espacio INCAA presenta “El rey de Once” un film de Daniel Burman que narra la historia de un hijo distanciado de su padre (Usher), el cual es famoso en su barrio (Once) porque lleva adelante una fundación de beneficencia. Su hijo que regresa al país y al barrio de su niñez se encontrará con la tradición que dio origen al distanciamiento.
La película - que cuenta con las destacables actuaciones de sus protagonistas: Alan Sabbagh (el hijo) y Julieta Zylberberg – se proyectará el jueves en la Casa de la Cultura a las 21 horas. 
Usher es una figura paterna del Once, que dirige una fundación frenética a la que acuden multitudes a buscar ropa, ansiolíticos, carne y ayudas varias. Usher puede manejar todo a la distancia, también la vida de su hijo, al que vemos volver de Nueva York -donde vive, trabaja de economista y tiene una novia bailarina- a visitar Buenos Aires con un encargo específico y de último momento de su padre.
Usher no sólo es una figura paterna múltiple, es más que eso, es una voz que controla desde el teléfono, lo que acrecienta su estatus de sombra -o luz- ineludible: aunque no lo veamos, Usher siempre está.
Ariel, mientras espera, redescubre el barrio, un Once de una intensidad como solamente Usher podría haber dispuesto. Un barrio que es todo, cárcel y a la vez posibilidades constantes. En ese sentido, El rey del Once es la vuelta al pago y también una película de amor. De amor transpirado, en lugares descascarados, en pasillos atestados de objetos, en el fragor de la protesta y la ansiedad por un pedazo de carne para Purim.
Usher, como cuando Ariel era niño, sigue definiendo la vida de su hijo. Y los movimientos de Ariel se tensionan sobre sus deseos, sus intereses, sus fastidios y las cadenas de favores del barrio. Y es asediado por las voces, la de su padre y también la de su novia que está en Estados Unidos. Ambos por llegar -o quizá no- son prácticamente sólo sonidos en su celular moderno. La desaparición de ese artefacto será clave: habrá en Ariel una nueva manera de escuchar, y no solamente por el nuevo (viejo) teléfono, sino porque, al escuchar menos, Ariel verá más, redescubrirá lo que lo rodea -lo que lo rodeaba antes de irse-, lo que lo reclama.

Casa de la Cultura: Dr. Carlos Madariaga y Alberti.
Jueves 7 – Viernes 8 – Miércoles 13.
Entrada: general $ 20 – Jubilados $ 10.
SAM: 13 años.

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