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24-04-2016 Ambas prendas se encuentran expuestas en el Museo Histórico del Tuyú y hoy conocemos parte de su historia.

El Museo Histórico del Tuyú guarda todo tipo de objetos que hacen a nuestra historia y cultura. Muchos de ellos forman parte de la exposición estable y otros se colocan para muestras temáticas o específicas.
En este caso en particular, estas prendas gauchescas están a la vista del público en uno de los salones y no solo pueden apreciarse con detenimiento, sino que además, puede constatarse que son originales dado que quedaron plasmadas en una fotografía que se ha convertido en un ícono para nuestra ciudad.
Patricia Cardoso, miembro del staff del Museo, explica que los cambios en la vestimenta de los gauchos fueron dándose en etapas y enumera una que va entre 1780 a 1820, otra de 1820 a 1870 y la última de 1870 a 1920.
Sostiene que esto se debió a cambios sociales, políticos y económicos.
La primera es la etapa del gauderio, changador o gaucho de la época del cuero y la cimarrona. Esto se denomina así por los grandes arreos de mula, con fines a negocios clandestinos como el contrabando. Aquí es donde se da el uso del calzoncillo cribado, botas de potro y calzón corto; algo que provenía de los españoles.
Esto se extiende hasta la independencia, momento en el cual se da inicio a la era del tasajo o carne salada. Esto derivará en la cría y engorde ganado vacuno con el fin  de utilizar sus carnes en los saladeros. Aquí el trabajo del gaucho cambia, dado que pasó a tener muchas horas en el caballo trabajando con la hacienda y obliga a modificar su vestimenta.
De estas dos primeras épocas con los caudillos, inmigrantes y las guerras nacen el calzoncillo y el chiripá.
El calzoncillo es herencia de la marinería y de campesinos españoles. Se fabricaban en telas de algodón o lino. Eran cortos en el principio y en el siglo XIX se fueron extendiendo en la parte de abajo hasta quedar anchos, acampanados, con terminaciones en flecos y con un trabajo de deshilado herencia de las artesanía española.
La parte superior no cambio a lo largo de la historia, tenía una pretina larga de tres o cuatro botones y algunos traían dos presillas para ajustarlos a distintos tamaños de cinturas.
 En la segunda etapa, en la que el calzoncillo se usaba con el calzón corto, va apareciendo otra prenda que es su complemento y es el chiripá.
Según el testimonio de viajeros o pintores ambos convivieron en algún momento aunque el chiripá se impuso por su funcionalidad. 
 Es muy simple: se trata de un rectángulo de tela, que era tejido en los telares, y era de lana.
 De origen humilde, sólo peones y changadores lo usaban y los hacendados siguieron usando el calzón corto hasta 1830.
 En esta primera época de transición conviven amabas prendas y en algún momento algunos estancieros usaban el chiripá por sobre el calzón corto; se presume que para protegerlo y hacerlo más duradero.
En esta etapa se usa como faldeta, es decir enrollada, en una vuelta y media a la cintura cubriéndola junto con los muslos y la cadera. Tenían como adornos flecos o trencillas de seda.
Su uso empezó a cambiar y de pasar largas horas a caballo, lo que requería de facilidad para hacer movimientos de subir y bajar con comodidad,  comienza la segunda etapa del chiripá que es la que conocemos y es cuando se pasa entre las piernas como un pañal.
 En este momento es cuando se generaliza el uso y no solo los humildes, sino también los estancieros y mayordomos lo adquieren como propio. Su tamaño solía ser un poncho o medio poncho. Eran de color liso con rayas en colores contrastantes.
De Inglaterra y Francia empezaron a llegar los importados: en el primer caso eran de lana y en el segundo de algodón.
El chiripá poco a poco comenzó a caer en desuso pero formó parte de parte de los uniformes de los ejércitos de Justo José de Urquiza y de Juan Manuel de Rosas y esto trajo dos consecuencias: se lo fabricó con telas militares como la bayeta y se hizo en colores lisos y vivos como el rojo o el azul.
 Los soldados acercaron estas prendas a “ciudades puertos” como Buenos Aires,  Rosario y Montevideo y se popularizó en las orillas del Río de la Plata.
Ya en la época de compadritos el ambiente empieza a cambiar y se adopta la moda de chiripá de chal,  que estaba hecho con el chal de la mujer amada o era como muestra de una conquista amorosa.
 El chiripá fue desplazado por las bombachas pero fue retomado por el circo criollo y por el teatro en donde aparece como una reivindicación de la cultura tradicional frente a una tierra caracterizada por las masas inmigratorias.
 Las prendas que están en el Museo del Tuyú pertenecieron a la familia Salate y aparecen en una fotografía tomada en la estancia La Argentina en 1920.
Martín Salate era el dueño del calzoncillo y su padre, que nació en 1860, era el propietario del chiripá.

El Museo Histórico del Tuyú se puede visitar de martes a domingo de 10 a 13 horas y de 17 a 20 horas. Entrada libre y gratuita.

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