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La Sociedad Yugoslava “NJEGOS”  lamenta  profundamente comunicar el fallecimiento de Pedro Markovic  acaecido el domingo 1 de Mayo de 2016 a los 88 años, quien era nuestro último inmigrante montenegrino.
Perico nació en la aldea Katunska Nahia Municipalidad de Cetinje en Montenegro, el 29 de Junio de 1927.
En el año 1936 parte,  acompañado de su Madre Zorka y sus tres hermanos  Esteban,  Juana  y María, hacia Argentina donde los esperaba su padre Markos quien había llegado a este país a trabajar en las Sierras de Tandil para juntar dinero y así traer a su familia e instalarse en la Ciudad de General Madariaga, lugar que le permitió asistir a la escuela  y paralelamente aprender diversas tareas rurales.
En el año 1964 por razones laborales se trasladaron a Venado Tuerto y un año más tarde a Buenos Aires donde comenzó a trabajar en la Administración General del Puerto. 
En el año 1952 se casa con Hilda y  forman su familia con  tres hijos, pero Pedro seguía  manteniendo  su idea de volver a vivir  en Madariaga,  tal es así,  que  decide comprar un pedazo de tierra en el paraje Juan Chico, lugar  que es habitado en el año 1974  por su hijo mayor Daniel quien recién  casado  se instala a trabajar en el campo preparandolo para recibir a sus padres en el año 1978 quienes se instalarían allí definitivamente hasta el día de hoy.
Se dedicó siempre a las tareas rurales y  a su pasión por los caballos, continuando además con la tradición de facturar cerdos para consumo familiar.  
Un hombre luchador, honesto, de espíritu incansable, de mano tendida y firme para quienes estaban cerca de él.  Su bondad  y don de buena gente hicieron que se halla ganado el respeto de sus conciudadanos.  Trabajo incansablemente para la Sociedad Yugoslava “NJEGOS”  logrando así,   bajo su presidencia 1984-1988, comprar  el salón  de fiestas del que hoy disfrutamos todos los socios en General Madariaga.

Un padre ejemplar, un abuelo compinche pero correcto, un bisabuelo alegre y un ciudadano respetable.  Despedimos su cuerpo pero nos quedamos con sus enseñanzas,  sus consejos,  sus retos cuando alguien lo merecía,  su  abrazo afectuoso,  su alegría,  y su calidez humana.

Gracias por todo lo que nos brindaste Perico  para los montenegrinos,  Don Pedro para los amigos y YEDO para  la  familia.

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