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Es un tema que afecta transversalmente a distintas profesiones y rubros, pero también regiones, gobiernos y países. La prevención, la educación y el fortalecimiento de políticas públicas deben ser construidas por todos aquellos que respondan, en su incumbencia, a velar por la Salud Pública

Durante el mes de junio, la Red de Seguridad Alimentaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) se incorporó formalmente  a la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL), el organismo técnico asesor dependiente del Ministerio de Salud de la Nación y responsable de controlar los alimentos que se consumen en el país y de exportación. Esta Red, tiene por objetivo el desarrollo y el estudio  de información -científica tecnológica- para realizar una evaluación de riesgos en la cadena agroalimentaria que permita evitar las enfermedades de trasmisión alimentaria (ETA) y contribuir a la generación de políticas públicas. Según declararon estos organismos en los medios, a partir de este trabajo conjunto, se podrán tomar mejores decisiones  para que desde Salud, se puedan reforzar las medidas y el uso de sus herramientas en pos de un consumo de alimentos más controlado y seguro.
La inocuidad de los alimentos es una prioridad de la Salud Pública. Cada año se enferman millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “se estima que cada año enferman en el mundo unos 600 millones de personas —casi 1 de cada 10 habitantes— por ingerir alimentos contaminados”. Las enfermedades transmitidas por los alimentos son generalmente de carácter infeccioso o tóxico y son causadas por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas que penetran en el organismo a través del agua o los alimentos contaminados. Según la Administración  Nacional de Medicamentos, Alimentos  y Tecnología Médica (ANMAT), el Sistema de Vigilancia Epidemiológica indica que alrededor del 40% de los brotes de ETA reportados en la Argentina ocurren en los hogares. Entre las enfermedades más destacadas, se encuentran: salmonelosis, el síndrome urémico hemolítico (SUH), la hepatitis A, la triquinosis, el cólera y  botulismo del lactante, entre  otros.  
La ONU también expresa que “en la actualidad, las cadenas de suministro de alimentos atraviesan numerosas fronteras nacionales. La buena colaboración entre los gobiernos, los productores y los consumidores contribuye a garantizar la inocuidad de los alimentos.” Y es que las enfermedades transmitidas a través de los alimentos no solo afectan la Salud Pública, sino también la economía de los países y las relaciones comerciales internacionales. La creciente globalización de las redes de distribución y consumo, plantea nuevos desafíos a los países, que no solo deben fortalecer sus redes institucionales, los sistemas de vigilancia y el desarrollo científico - tecnológico  para promover la mejor calidad local, sino que hace falta reglamentar estándares internacionales para todo el ciclo de vida de un producto alimenticio. Los países deben trabajar mancomunadamente en un escenario de participación y aprendizaje para mejorar las producciones regionales en forma conjunta.
La inocuidad alimentaria es un tema que afecta transversalmente a distintas profesiones y rubros, pero también regiones, gobiernos y países. La prevención, la educación y el fortalecimiento de políticas públicas deben ser construidas por todos aquellos que respondan, en su incumbencia, a velar por la Salud Pública. El Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires, ha manifestado reiteradas veces que, uniendo esfuerzos y garantizando los mejores productos al mercado, es posible enfrentar este desafío sanitario –de carácter global-. Los procesos de producción, elaboración, conservación y distribución de alimentos deben garantizar los mejores estándares de calidad para preservar la seguridad e inocuidad, es decir, la incapacidad de hacer daño. El aporte profesional del médico veterinario durante el ciclo productivo de los animales es extremadamente importante, prestando atención a la alimentación, al cuidado general del animal, al uso racional y supervisado de zooterápicos y, en la etapa de elaboración de los productos lácteos, cárnicos y subproductos, garantizando la inocuidad del alimento a través del control bromatológico.
El rol de los médicos veterinarios como “agentes de Salud Pública”, junto a los productores y actores que intervienen, incumbe al control de las buenas prácticas agro-ganaderas (desde el eslabón primario de la cadena hasta el consumidor final) y constituye una parte integral de desarrollo en la producción  animal, brindando recomendaciones para mejorar la  producción, garantizando la calidad e inocuidad alimentaria desde principio a fin.
Finalmente, recalcar que el garante del sistema es el Estado -Nacional, Provincial y Municipal-, responsable indelegable de hacer observar la legislación vigente.

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