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Encontraron su esqueleto en un campo de Río Negro; mide seis metros de largo y tendría unos 90 millones de años; el equipo de paleontólogos le dio su particular nombre

Nuestra Patagonia no deja de atraer la atención internacional. Esta vez no es por sus paisajes, sino por un nuevo hallazgo paleontológico: el esqueleto casi completo de un dinosaurio carnívoro de un linaje desconocido hasta ahora para América del Sur. Su "pariente más cercano" había habitado en África.
Gualicho es el nombre que eligió el equipo liderado por el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía para bautizar a este terópodo de dos dedos, unos 90 millones de años de antigüedad y seis metros de longitud que se acaba de presentar en el auditorio del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación.
El hallazgo, publicado hoy en la revista Plos One, fue hace nueve años en un campo rionegrino al borde del embalse Ezequiel Ramos Mejía, justo enfrente de la neuquina Villa El Chocón.
Pero algunas complicaciones, incluida la desaparición del esqueleto, postergaron hasta hace tres años el estudio de los restos, que estuvo a cargo del equipo de la Fundación Azara, la Secretaria de Cultura de Río Negro, el Museo Field de Historia Natural de Chicago y el Instituto de Dinosaurios del Museo del Condado de Los Ángeles, Estados Unidos.
"Los dinosaurios del Cretácico superior de la Patagonia en general corresponden a dos grupos: los abelisáuridos, como el Carnotaurus, y los carcarodontosáuridos, que eran los predadores máximos y medían hasta 15 metros de longitud", explicó Apesteguía, director del Área de Paleontología de la Fundación Azara e investigador del Conicet. "Ahora, luego de varios años de estudio, encontramos este dinosaurio con características anatómicas de esos dos grupos. Los brazos cortos, con dos dedos, parecidos a los del grupo de los abelisáuridos y el resto del cuerpo, a los carcarodontosáuridos."

Un pariente en África

Entonces, el equipo comenzó a indagar más en la identidad de Gualicho y determinó que era muy parecido a otro carnívoro ya conocido en África. La escápula, el fémur y la fíbula revelan similitudes con el terópodo africano Deltadromaeus, de capas geológicas de la misma época, pero en Kem Kem, una formación en la frontera actual entre Marruecos y Algeria, en el sudeste marroquí.
"No es una novedad que Sudamérica y África estaban unidas. La novedad es que este linaje se desconocía para Sudamérica y que su pariente más cercano vivía en África", explicó Apesteguía a LA NACION. "Al poner todas las características de Gualicho en la matriz de datos vemos un parentesco con Deltadromaeus. Son distintos, pero hermanos. Esto, para nosotros, indica que son especies muy cercanas entre sí", agregó el paleontólogo.
En la zona patagónica conocida como Formación Huincul hay rocas de unos 90 millones de años de antigüedad, cuando en el Cretácico superior convivían los dinosaurios herbívoros más grandes del mundo, como los titanosaurios, con los rebaquisáuridos más pequeños o los iguanodontes que corrían velozmente para escapar de los dinosaurios carnívoros, que incluían a los terópodos de tamaño mediano como Gualicho.
En 2007, Apesteguía y Peter Makovicky, de la Sección de Ciencias de la Tierra del Museo Field de Chicago, iniciaron una expedición al campo ubicado al borde del Embalse Ezequiel Ramos Mejía, en la provincia de Río Negro. Un equipo a cargo del paleontólogo argentino ya había recorrido el lugar en 1999, cuando se propusieron volver luego de encontrar una gran cantidad de huesos de dinosaurios y troncos petrificados.
A los ocho años, entre esas piezas que habían permanecido intactas, encontraron dos esqueletos de dinosaurios herbívoros y excrementos fosilizados de esos animales. Para eso, trabajaron un mes y el esfuerzo valió la pena: la jefa del equipo de técnicos del Museo Field, Akiko Shinya, encontró el 13 de febrero de 2007 el esqueleto casi completo de Gualicho.
Por eso, el nombre completo de este inusual terópodo nuevo con manos de dos dedos es Gualicho shinyae, como una manera de reconocer "las numerosas contribuciones paleontológicas" de la jefa preparadora de fósiles del museo de Chicago.

Investigación interrumpida

Pero un incidente con los vehículos en que se transportaba el equipo en el sur del país hizo que se interrumpiera la expedición y la recolección de los restos de Gualicho. Entonces, a la espera de la próxima temporada, se los protegió con yeso.
Nadie iba a pensar que las nuevas autoridades provinciales, a la siguiente temporada, impedirían continuar con el trabajo postergado. Al poco tiempo, el dinosaurio había desaparecido del lugar. La reconstrucción de lo sucedido indica que personal del Museo Patagónico de Ciencias Naturales de General Roca había extraído los huesos en 2009, lo que el equipo de Apesteguía y Makovicky recién pudo conocer dos años después. En 2012, Makovicky pudo llegar al lugar donde estaba guardado el esqueleto y fotografiarlo. Pasó un año para que el equipo original pudiera comenzar a estudiar y ponerle nombre a su descubrimiento que hoy aporta nueva información para conocer la evolución de los linajes de dinosaurios carnívoros que habitaron nuestro planeta hace millones de años y que tanta curiosidad sigue despertando.
Además de Apesteguia y Makovicky, en el proceso de estudio de Gualicho participaron Nathan Smith, especialista en dinosaurios carnívoros del museo de Los Ángeles, y Ruben Juarez Valieri, que se especializa en dinosaurios carnívoros y ornitisquios en la Secretaría de Cultura de Río Negro.

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