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Matias Kosoblik Echarren es un guardavidas marplatense de 27 años que, luego de ejercer su profesión en las playas de Mar Chiquita y España, se atrevió a vivir una experiencia movilizadora: rescata refugiados que llegan desde la costa de Turquía a Grecia por la guerra en Siria.

“En febrero decidí aportar mi granito de arena en Lesbos, una isla griega a la que llegan refugiados de distintos países”, contó a 10 Ahora el joven que es guardavidas en Santa Clara del Mar desde hace cinco años. En 2015 trabajó en la ciudad española Platja D’ aro y, motivado por algunos de sus amigos que fueron voluntarios en Lesbos, quiso conocer el conflicto de los refugiados desde adentro.

Matías se contactó con la ONG proactiva Open Arms, que se dedica al rescate acuático, y el 29 de abril ya estaba en Lesbos para colaborar sin tomarse respiro. “Hay gente de todo el mundo ayudando porque la situación de los refugiados en Turquía es muy mala, el trato inhumano”, afirmó conmovido.

“Nunca me había imaginado estar acá, en otra cultura totalmente diferente”, manifestó y consideró: “Es una experiencia muy enriquecedora, a pesar de los momentos feos que me tocó vivir”. Aunque la mayoría de los viajeros son adultos, el marplatense tuvo que rescatar a un nene de tan sólo dos semanas de vida. Debió salvar africanos, paquistaníes, sirios, iraquíes, dominicanos y un boliviano.

Hace meses que Matías tiene una rutina totalmente diferente a la que acostumbraba llevar en Argentina: “Es normal salir a hacer una guardia de las 4 a las 8 de la mañana en barca. Estamos las 24 horas en ‘stand by’ hasta que nos activan. Tenemos tiempo libre, por supuesto, pero siempre tenés que estar listo para salir”.

Ante la búsqueda desesperada para frenar el flujo migratorio, Europa y Turquía firmaron un pacto pero no consiguieron un cambio radical en la gestión de la crisis de refugiados: la afluencia de personas disminuyó pero el tráfico continúa. “No les permiten cruzar, por lo que todo esto generó un negocio en Turquía y se formaron mafias que trasladan refugiados. Cada dos días llega un bote, generalmente las embarcaciones ilegales que se usan son gomones de lona. Los traficantes cobran hasta 2 mil euros por persona, que es muchísima plata y es caro para las familias”, relató.

“Lo más dramático que me tomó vivir fue cuando, en medio de una transferencia, un policía griego se puso violento y desesperó a una mujer, que gritó: ‘Yo prefiero morirme ahogada a volver a Turquía’, se sacó el chaleco guardavidas y se tiró al agua. Luego, la rescatamos a ella y a otras cinco personas más”.

El joven se emocionó al recordar el momento que en que conoció el campo de inmigrantes Mandamados, en el que viven unos 60 nenes que se encuentran en la isla solos, sin familia. “Estuvimos jugando con ellos en la playa y los cuidamos”, dijo.

A pesar de que la catástrofe más grande ya pasó, la crisis económica continúa y la relación con los refugiados y los griegos es muy complicada. “En la previa a la temporada alta de verano, la gente de la isla está enojada porque los turistas no van a venir, tienen miedo de estar en la playa y que se aparezca un barco de refugiados. Se está poniendo tensa la situación en algunos pueblos, están molestos, no los quieren y tratan de esconderlos”, aseveró.

Después de la intensa experiencia que recordará toda su vida, el rescatista volverá a Argentina a fines de octubre para arrancar su temporada como guardavidas en la localidad vecina de Santa Clara del Mar, donde aplicará todo lo que aprendió en Lesbos. “Mi interés es llevar todo mi conocimiento de rescate acuático a los operativos de playa que tenemos en Mar Chiquita para mejorar el servicio”, informó 10Ahora.


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