AVISO (900x113)

Los aniversarios de cifras tan redondas suelen ser inevitablemente disparadores de balances y evaluaciones, obligándonos al ejercicio de volver la vista atrás, repasar el azaroso camino recorridos desde los no menos azarosos comienzos y observar lo más descarnadamente posible el saldo que arroja el punto actual de ese trayecto
Mientras uno rescata vivencias de lo acontecido en Gral. Madariaga donde un desfile multitudinario reunió a toda la familia que hace años no asistía a una convocatoria como ésta, donde era posible ver a Matías (4 años) que va al Jardín de los Bomberos asustándose porque los aviones pasaban muy bajos; y doña Emilia (72) se vanagloriaba con que el intendente personalmente le había entregado una escarapela; y Luisa y José –un matrimonio de jubilados- se quejaban porque no alcanzaron a comer empanadas porque las vendieron rápido a todas, o Pedro que se lamentaba porque no alcanzó a llevar la bandera comunitaria, porque anda en silla de ruedas, et., etc., hay que mirar un amplio abanico de preguntas que se nos ocurren desde la vida cotidiana hasta los hábitos y creencias religiosas, pasando por valores, miedos y preocupaciones, confianza en las instituciones y perspectivas, tanto en lo personal como en lo colectivo
En ese sentido una importante encuestadora realizó una consulta muy completa donde, sin concesiones los argentinos trazaron un perfil de sí mismos que los define a la hora del resultado  como individualistas, intolerantes y transgresores de las normas; describen a la sociedad como poco educada, dividida e injusta y colocan en el podio de sus referentes internacionales a Obama, el Che y Hugo Chávez, junto a Jhon  Kennedy, plasmando de algún modo parte de esa fragmentación señalada
Este Bicentenario, este nuevo aniversario patrio, podría marcar un hito. Con un ejercicio de reflexión y autocrítica que nos concierne a todos como punto de partida, podríamos asumir algunos compromisos.
Uno sería el de la participación ciudadana. Ese que nos obliga a pasar de espectadores a actores, de testigos a protagonistas, de ciudadanos pasivos a artífices de nuestra historia y de nuestro destino.
Otro, el de deponer odios, cerrar grietas, atender más a lo que nos une que a lo que nos separa.

La tarea no será sencilla, ni los resultados inmediatos. Es sabido que en apenas minutos se puede destruir lo que demandó un siglo edificar. Pero quizá se trate, de una vez por todas, de empezar a tender puentes, de abordar –como planeaba el francés Gabriel Marcel- “esa ribera que es el prójimo”, de hacer del pasado común que nos trajo hasta este  presente el mejor futuro posible, en una sociedad en la que impere el estado de derecho, en paz y libertad. Con equidad y justicia, sin violencia ni discriminación de ninguna índole, con tolerancia, inclusión, diálogo, disenso y pluralismo, para nosotros, para nuestros hijos, y para todas las generaciones por venir, en esta nuestra tierra, por los siglos de los siglo 

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