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El ex ministro de Trabajo durante el gobierno de Alfonsín, el radical Juan Manuel Casella advirtió que el gobierno de Macri “no termina de definir su rumbo” y que la dirigencia radical “en lugar de corregir, consiente”. Reclamó que su partido debería “agregar política y visión social progresista a un Poder Ejecutivo integrado en su mayoría por funcionarios provenientes del ámbito privado”. Las críticas desde un sector del radicalismo a la gestión de Cambiemos, alianza que incluye a la UCR, comienzan a cobrar fuerza. Esta vez, el dirigente radical y presidente de la Fundación Ricardo Rojas, Juan Manuel Casella, cargó duro contra el macrismo pero también contra la dirigencia radical. “El gobierno de Macri no termina de definir su rumbo. La propuesta inicial, basada en la gestión y la eficacia, muestra rasgos contradictorios que no terminan de resolverse”, cuestionó. Y agregó: “La conducción de la UCR tiene bastante que ver con las contradicciones y las vacilaciones del Gobierno. En lugar de corregir, consiente”. Casella fue ministro de Trabajo durante el gobierno de Raúl Alfonsín y dos veces diputado nacional. En una columna publicada hoy en el diario Clarín, enumeró “éxitos innegables” del gobierno de Mauricio Macri “como la salida del cepo cambiario”, pero también “fracasos estruendosos” como la política tarifaria. “El Presidente se esfuerza por no aparecer como un neoliberal insensible: saldar la histórica deuda con los jubilados es una decisión positiva. Pero la caída del consumo y la recesión merecen, como mínimo, una justificación más consistente que la invocación de la herencia recibida y la crisis en Brasil, porque a quien hoy no le alcanza el sueldo para pagar las nuevas tarifas y enfrentar la inflación, poco lo consuelan las explicaciones que remiten al pasado, aunque sea cercano y cierto”, dijo, en una crítica al permanente argumento gubernamental de la “pesada herencia”. El dirigente radical criticó duramente el vínculo entre las partes de la alianza Cambiemos. “No existe una mesa conjunta de análisis político ni una agenda útil para prevenir problemas y estudiar soluciones. Los contactos son poco significativos, carentes de profundidad y de influencia en las decisiones finales. Además, sus contenidos no se conocen, porque sus protagonistas no informan”, se quejó. Y añadió: “Esa debilidad funcional es imputable a la conducción del PRO, que prefiere pensar al radicalismo como ‘la vieja política’ y pretende aplicar recetas de captación que no sirven porque trabajan sobre la deslealtad, provocan desconfianza y son procedimientos de suma cero. Pero la responsabilidad imputable a la conducción nacional del radicalismo consiste en tolerar, en un silencio especulativo, esa deficiencia operativa y omitir una tarea esencial: agregar política y visión social progresista a un Poder Ejecutivo integrado en su mayoría por funcionarios provenientes del ámbito privado, entrenados para maximizar la rentabilidad, con poca sensibilidad para percibir el estado de ánimo social y escasa experiencia para administrar, con los menores costos posibles, la relación con una oposición que sabe cómo utilizar su capacidad de presión”.


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