AVISO (900x113)

Cuando era poco más que un niño ayudaba a mi padre en las tareas de labranzas con que un mancera y dos caballos realizaba en el predio del ferrocarril, hoy conocido como el “monte de la vía”.
En un día como el de hoy era mi obligación evocar aquellos animales.- Ah… y agradecerle a Tribuna que me permite hacerlo públicamente.

 Mancera y Caballo

El arado de mancera
que empuñé siendo muchacho
tenía el timón de quebracho
y mediana vertedera.
Al bordear la cabecera
lo tenía que tumbar
hasta volver a empezar
del otro lado, otro surco
y por él, igual que un “turco”
si habré sabido tranquear.

Para que el jornal rindiera
había que aperar temprano
y el día antes dejar a mano
sogas, riendas y anteojeras
los tiros de lau´ de afuera
al balancín enganchaba
y a los de adentro colgaba
y por las dudas lo explico
a otro balancín más chico
por si alguno mañereaba.

Con aquella usanza vieja
parejos iban tirando
y la tierra iba volcando
el mancera con su reja.
Cuando es noble pareja
calentaba el corvejón
a pechera y a garrón
en el erial abrías brechas
y una melga bien derecha
cortaba hasta el más chambón.

Un zaino que era surquero
a la diestra supe estar
y para la yunta armar
al lado de él, un overo.
Los dos parecían  de acero
nunca los vi aflojar
sentí sus vasos clavar
en la tierra con fragor
lástima no fui escultor
para aquel cuadro grabar.

Si hay cielo para animales
han de andar en un potrero,
mi zaino aquel  y el overo
y allí serán inmortales.
De esos caballos tan leales
que cinchaban a la par
algo les quise contar
y ahora mi intención detallo,
 por ser el Día del Caballo
los quería recordar.

Carlos González.

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