AVISO (900x113)

“Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas, con educación”.  La frase la emitió el ministro de Educación, Esteban Bullrich, al inaugurar el Hospital Escuela de Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Negro.  Esteban Bullrich utilizó la metáfora de un genocidio en el mismo lugar en el que fue realizado. Las palabras fueron pronunciadas en la localidad de Choele Choel, la misma en la cual hace 137 años -como conmemoró el diario La Nación- sacerdotes y militares genocidas celebraban la masacre contra los pueblos originarios (miles de personas aniquiladas, otras tantas reducidas a la servidumbre, así como mujeres a la prostitución o niños separados de sus familias) el robo y la apropiación de once millones de hectáreas que fueron repartidas entre un puñado de familias, entre ellas la familia Bullrich con dos ministros en el actual gabinete nacional de Cambiemos y la del jefe de gabinete Marcos Peña.
La apelación a la figura del “desierto”, una vez más, para referirse a los pueblos de la Patagonia nos trae a la memoria el aparato discursivo e ideológico que sostuvo, sostiene, y justifica sin más, la ocupación violenta de sus territorios, la matanza indiscriminada y la disgregación y el aislamiento cultural y social a la que fueron sometidos los pueblos originarios en el nombre de una supuesta civilización, a la que otra vez se vuelve a aludir.
De esta forma, a las lamentables declaraciones negacionistas de un ex ministro de cultura, Darío Lopérfido, y del actual secretario de Cultura, Educación y Turismo de Gral. Madariaga, Francisco Madero Marenco,  sobre el número de desaparecidos en la última dictadura cívico militar, se suma la ineludible metáfora del ministro de Educación. Aún más, se produce en un contexto en el que en los últimos meses hemos asistido a una suerte de escalada mediática expresada en editoriales, opiniones y declaraciones de conocidos conductores y periodistas televisivos y radiales, formadores de opinión, referida a los pueblos originarios. En todos los casos primaron los conceptos de civilización, desierto, barbarie, incapacidad propios del siglo XIX , y hasta llegó a dudarse de su ciudadanía y sus derechos civiles.
Si los generales de Roca, que no usaron espadas sino fusiles Remington, pusieron las tierras al servicio de unas pocas familias, los gerentes de Macri intentan hoy poner la educación al servicio de pocas empresas. No estamos frente a los mecanismos tradicionales de privatización. La tercerización de la responsabilidad educativa se juega en el ingreso masivo de Ongs y la influencia financiera del Banco Mundial, que encubren al capital privado, dentro del sistema educativo público. Monsanto y Coca-Cola elaborando los programas de “alimentación saludable” de nuestras escuelas; el Grupo Pearson, dueño de medios y editoriales, a cargo de la evaluación educativa; Microsoft reemplazando el diseño de nuestro software pedagógico. Son sólo algunos ejemplos de la “campaña del desierto” que se proponen los nuevos/viejos conquistadores.
Cuando sinceran su discurso no lo hacen por error, sino por convicción. Es la forma de naturalizar una mirada patronal de la vida y de la sociedad.
La “Campaña” no terminó, continúa en la ideología y accionar de funcionarios que avalan la muerte, el sometimiento y la invisibilización de pueblos que continuamos resistiendo, y proyectando un nuevo devenir. Como la negación del  pueblo mapuche, y su Wallmapu (actual Patagonia), al cual se le niega sistemáticamente su autodeterminación e identidad en ambos lados de la cordillera.
Esteban Bullrich tiene un plan. Celebrar la idea de desierto y dar continuidad a las políticas de conquista y ocupación de los territorios que configuraron la construcción del estado nacional burgués. Utilizando la promesa de la educación como propuesta mesiánica que pondría fin a todo lo bárbaro y despoblado.
No necesitan las espadas, tienen micrófonos y la prepotencia de las palabras. También tienen las armas y las narrativas de la historia oficial que las carga.
Fuera de Buenos Aires, el norte y el sur tienen que seguir siendo “desierto”. Territorios para civilizar, es decir, para perpetrar las violencias del ejército argentino, las democracias terratenientes y los intereses del empresariado nacional e internacional.
Todo lo que habita el desierto admite ser domesticado, civilizado, occidentalizado y, sobre todo, manipulado. Los territorios, los recursos de la tierra, las personas, su memoria, su presente y las posibilidades emancipadoras y de autodeterminación del futuro.
Bajo ningún concepto puede aceptarse que un crimen de lesa humanidad pueda ser utilizado como metáfora para referir a una política pública. Esto supone una propuesta educativa, en este caso, que comparte los lineamientos principales con aquello que se compara. 
El problema abierto es que Bullrich expresa una manera de pensar la política del estado del presente. Es el mismo funcionario que  ejecutó más de 300 despidos en el Ministerio de Educación y Deportes. El mismo que en su gestión en la ciudad de Buenos Aires acompañó los recortes presupuestarios,  condenando a la escuela pública al derrumbe edilicio, a los bajos salarios y la degradación de sus contenidos mediante la reforma de la educación secundaria. En ella, y con Bullrich a la cabeza, el macrismo eliminó las funciones históricas de las juntas de clasificación, aplicó una inscripción “on line” que dejó a 9000 niños sin vacante -revelando la falta de construcción de escuelas y jardines- y avanzó en un instituto de  evaluación externo de escuelas y docentes con el fin de introducir el denominado “salario por mérito”. O sea, la política de colocar en el banquillo al docente y absolver al Estado de su responsabilidad en la crisis educativa. Docente al que en la actualidad le niega rotundamente la posibilidad de adecuar su salario a la inflación en la negativa a reabrir paritarias.  El mismo que impulsó la destrucción del nivel inicial, y avanzó en el vaciamiento de los equipos de orientación escolar. El mismo que recientemente, sancionó y separó de sus cargos a dos maestras de un jardín de Flores, haciendo responsable del crimen de un niño a trabajadoras y no al régimen social que produce la descomposición que rodea a la escuela.
La expresión de Bullrich no sólo representa una cruzada contra los derechos y las reivindicaciones de los pueblo originarios. Viniendo de un privatizador nato, miembro del Opus Dei, es también un tiro por elevación contra la educación pública en su conjunto. Revela que pretende arrasar con todas las conquistas educativas de la región.
La tarea civilizatoria y educativa será obra de la clase trabajadora. Bullrich y los que sostienen este sistema capitalista en crisis sólo pueden ofrecer más barbarie.

Depende de nosotros, los que luchamos por las condiciones de  existencia y la memoria de los explotados, de antes y de ahora, que los desiertos no sigan siendo desiertos y que se detenga la verdadera barbarie

Es nuestro derecho y nuestro deber reclamar que la educación y la cultura  no estén a cargo de alguien que reivindica un crimen de lesa humanidad, ni literal, ni metafóricamente. Por estas razones repudiamos enérgicamente sus declaraciones y exigimos su renuncia.

Fuentes: Carlos del Frade en Pelota de Trapo; Pablo Giachelo en Prensa Obrera; Nora Veiras/ Carlos Rodríguez en Página 12; Mercelo Morigi/ Sergio Marilaf en La Izquierda Diario, José Mateo en El Diario


FIRMAS Y ADHESIONES: Horacio Marcovich, Melina Fernández, Hernán Pazos, Luciano Lago, Carolina Arbizu, Santiago Brito, Estefanía Gómez Aguirre, Daniel Ferreyra, Roberto López, Valeria Medina, Mayra Vargas, Santiago Daniel Juárez, Rosario Aranciaga, Alejandra Madrid, María Eugenia Sánchez, Giuliana Paluci Arias, Gabriela López, Juan José Saracho Beveraggi, Agustina Basili, Fabián Vallejo, Sheila Anahí Acosta Anzalone, Maite Orbe, Paola Dufur, Clara Juárez, Lidia Medina, Ezequiel Camposano, Tito Juárez, Gustavo Raúl Mansilla, Alejandro Labatut, Maggie Cabrera, Hernán Torrada, Federico Tomasone, Demian Watts, Natalia Ioza, Juan Tellechea, Jorge Boza, Felipe Olivera Moreno, Mónica Milano, Elda Abait, Lara Srur, Pablo Reyes, Celia Latuf, Sabrina Reyes, Marcelo Mansilla, Sebastián Ruiz, Abril García, Héctor Bulfe, Camila Tolosa, Paula Pavón, Myriam Medina, Emanuel Palacios, Mariano Ramírez, Roberto Duarte, Fabián De La Fuente, Amalia Sala, Jorge Pozo, Carlos Conti, Leandro Domínguez, Lucía Hobaica, Ángela Bresesti, Luis Frontini.

Publicar un comentario