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El primero en ser consagrado por el voto popular. Con él la clase media accedió al poder.
El 12 de octubre de 1916 y como era tradición en esa fecha, asumió la Presidencia de la Nación el Dr. Hipólito Yrigoyen, el primero en ser consagrado por el voto popular. Lo acompañaba como vicepresidente Pelagio Luna.
La Ley Sáenz Peña había universalizado el derecho a elegir y la transparencia del proceso electoral, permitiendo al binomio Yrigoyen-Luna ser elegidos en elecciones sin fraude.
Yrigoyen fue el primer presidente surgido de las clases populares, poniendo su mandato fin a la hegemonía conservadora y marcando también el ingreso de la clase media a la política del país.
El programa político de “Don Hipólito”, como se le decía, consistió en terminar con los excesos que habían cometido los sucesivos gobiernos del llamado período conservador, poniendo el líder radical su empeño en terminar con la corrupción, renovar las costumbres y la clase dirigente, reorganizando las instituciones políticas de la nación mediante la efectiva aplicación del sufragio libre.
La tarea no fue fácil, se vio dificultada principalmente por no contar con mayoría en el Congreso Nacional para implementar sus reformas, y porque además había provincias gobernadas por funcionarios conservadores.
Pese haber asumido la presidencia en el marco de la crisis que producía la Primera Guerra Mundial en Europa, reflejada en el cierre de los mercados argentinos y que frenó gran parte de la actividad económica, la expansión económica que experimentó la Argentina durante su período de gobierno sigue siendo el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, sólo superado por la gestión del presidente Arturo Illia.
Se sancionaron reglamentaciones para proteger a los campesinos y se crearon cajas jubilatorias para empleados públicos y estatales, en 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, empresa estatal destinada a explotar las riquezas energéticas del país.
Pese a las iniciativas que favorecieron a sectores obreros y medios, su mandato se vio manchado por masacres, como la de la semana trágica, la de la Forestal y la Patagonia rebelde, con obreros fusilados por parte de las fuerzas policiales y grupos de extrema derecha, que su gobierno no pudo controlar.
En política exterior el Presidente Yrigoyen no solo mantuvo la neutralidad de nuestro país en la Guerra a pesar de las presiones de los intelectuales, los universitarios y hasta del Congreso Nacional, sino que al concluir la misma manifestó su desacuerdo en que se convocara a formar parte de la Liga de las Naciones sólo a los países vencedores, alegando por la igualdad de todos los estados soberanos.
En este centenario se debe recordar también a su Vicepresidente Pelagio Luna, quien terminó sus años de vida vendiendo ballenitas por las calles de Buenos Aires, una verdadera antítesis moral con Amado Boudou, el vice de la ex presidenta Cristina Kirchner.

compromisodiario.com.ar

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