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19-09-17 No por haberse convertido en un lugar común y un dicho repetido, deja de tener plena verdad aquella afirmación que sostiene que “la patria se hizo a caballo”.

Resulta difícil de imaginar la construcción de nuestro país sin la presencia del caballo. Herramienta indispensable tanto para la guerra como  para la paz, el caballo ocupó la escena del país durante  gran parte de nuestra historia.
Cómo imaginar las guerras de la independencia, el avance de la “civilización” arando y sembrando la tierra, el intercambio e integración de las distintas y alejadas regiones, sin su  presencia.
Utilizado como arma, como elemento productivo, para el deporte y la recreación, como medio de transporte y comunicación, hasta llegado el caso como alimento,  el caballo es parte indisoluble de la historia argentina.
Si bien los avances tecnológicos lo han ido arrinconando solo en las prácticas deportivas, el trabajo rural, y las actividades tradicionalistas,  su presencia sigue estando vigente y a él se debe en parte lo que somos.
Por eso la celebración cada 20 de septiembre del Día Nacional del Caballo es mucho más que un simple acto burocrático o una fecha más de los calendarios escolares para convertirse en un acto de estricta justicia hacia quien tanto le dio al país.
Fue la ley 25.125 sancionada el 4 de agosto de 1999, la que designó “el día 20 de septiembre “como "DIA NACIONAL DEL CABALLO", a los efectos de celebrar la presencia y relevancia con que éste acompañó a la organización histórica, económica y deportiva de la República Argentina”.
El proyecto original fue firmado por los senadores nacionales  Julio San Millán, Julio Humada, Carlos Verna, Carlos de la Rosa, Ernesto Oudín, Antonio Cafiero, Augusto Alasino, Juan Carlos Oyarzún, Emilio Cantarero, Osvaldo Sala, César mac Karthy y Jorge Yoma, y convertido en ley por ambas Cámaras.
Quizás alguno se pregunte el por qué de haber elegido esta fecha y no otra, ya que si el caballo tuvo en nuestro pasado una presencia cotidiana tan importante, seguramente podrían surgir de allí numerosas ocasiones que ameritaran su nominación para celebrar el día.
Sin embargo, la fecha propuesta y que transformó el 20 de septiembre como Día Nacional del Caballo,  se refiere a un hecho que tiene mucho que ver con nuestra historia local y nuestro orgullo pueblerino.
Ese día, en 1928, arribaba a Nueva York, Aimé Tscheffely  dando final simbólico a su raid a caballo por más de 18.000 km durante casi tres años y medio.
Habiendo partido desde Buenos Aires, después de atravesar toda América, dejar su huella en once países, haber soportado temperaturas extremas pasando de lugares con  18º bajo cero a desiertos sin agua y con 52º, superado alturas de casi 6.000 mts, cruzado cordilleras y desiertos, Tschifelly y sus fieles acompañantes en la proeza, los caballos criollos Gato y Mancha, culminaron su viaje en Washington para luego trasladarse a Nueva York.
Conmueve ver las viejas fotos de Tschiffely montado en Mancha recorriendo la Quinta Avenida, rodeados de rascacielos  y “moles de cemento y acero” como él las definiera.
También quedó plasmada para la posteridad la entrega de la Medalla de la ciudad de Nueva York por parte de su Alcalde James Walker, testimonio del reconocimiento de la hazaña realizada.
Nombrados jinete y caballos, resulta imprescindible sumar el reconocimiento al otro gran impulsor de esta hazaña: el Dr. Emilio Solanet, quien cediera los caballos y fuese el gran impulsor de la recuperación y revalorización de la raza criolla.
Esta travesía o más precisamente el día de su culminación, fue la fecha elegida para celebrar anualmente el Día Nacional del Caballo, resumiendo en esta hazaña todo lo que el caballo aportó  y aporta al crecimiento del país.-

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