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29-10-17 (Copyright©2017 | Cristian Olivera) “Los acusaban de ladrones y finalmente les ganaron por robo”, una ironía que expresa el contundente resultado de las elecciones del pasado 23 de octubre. Puede observarse claramente que la gente votó contra un sistema de gobierno donde la corrupción tomó ribetes inimaginables hasta para la mejor ficción.
Algo debió pasar en la oposición para que la sociedad votara a un gobierno que prometía aumentar el gas y la luz. Un poco puede explicarse en algunas de las reformas que plantea Macri, que indudablemente seducen a una porción importante de la población; otro en que nadie elude la responsabilidad del gobierno anterior en las deterioradas condiciones económicas; pero mucho en la necesidad de una solvencia institucional donde los delitos de corrupción sean castigados. Acaso ahora que la victoria de Cambiemos fue tan clara en todo nivel, aparezca esa sensibilidad que se le exige, de cualquier modo, el país apostó a cambios profundos y eso es irreversible. Tal vez, aunque a algunos les cueste aceptar, la sociedad está aprendiendo a votar porque por primera vez no compró la promesa de un paraíso y puso en el voto una exigencia que a la larga el gobierno deberá responder.
En lo local, la elección de Cambiemos para el radicalismo tiene significaciones históricas, Jorge Botto encabezando la lista ha superado en cantidad de votos no solo a todos los peronistas en elecciones legislativas sino las grandes elecciones de Mircovich y Popovich, una validación enorme para el camino que han emprendido. Mucho puede explicarse en obras que mostraron gestión, una deuda pendiente de los últimos años del peronismo; pero, sobre todas las cosas gravitó la solvencia y seriedad que aportaron dos áreas tan poco visibles como importantes, como son Hacienda y Legales. Ellas ofrecieron transparencia  y orden, las dos más importantes carencias del gobierno saliente.
Para Eyras y Porretti no debió resultar fácil encarar una elección sabiendo que las posibilidades son prácticamente nulas, pero también es el resultado de no haber entendido que el verdadero problema de ambas estaba en su ADN político. Jamás pudieron ni intentaron escindirse de la vieja política a la que por tantos años representaron. Era tiempo de cambiar y no hacerlo las condujo por el mismo camino a ambas. ¿O acaso no resulta curiosa la foto de las dos ex funcionarias de Popovich y Mircovich en los últimos lugares y fuera de los escaños buscados? Impensado hace no mucho tiempo.
El cristinismo local hizo lo contrario y le fue bien, apostó a una figura desconocida y apreciada como Ciro Albarengo y se sostuvo intentando aprovechar el arrastre de votos que llegaba desde arriba. Eso ocultó los remanentes del gobierno anterior que formaban parte de la lista y del espacio, y los posicionó mejor que sus adversarios peronistas, aunque en la sumatoria de votos quedaron lejos de Cambiemos y es algo que tendrán que evaluar.
A la suma de las tres listas peronistas les faltan más de dos mil votos para alcanzar la ganadora, aunque como todos sabemos en este caso las sumas restan por lo que probablemente la diferencia sea más en el caso de unirse. Eso significa que el peronismo que durante veinte años arrasó elección tras elección, está lejos de su caudal, y si faltaba más divididos y como corolario sin un líder indiscutido en cualquiera de los tres niveles (nacional, provincial y local). Una de las preguntas que los peronistas tienen que hacerse es por qué el migrar de votos de 1País y Cumplir se encaminó al Radicalismo de Cambiemos y no al kirchnerismo. ¿Acaso no es la muestra de que mucha gente del peronismo ya no quiere lo que hoy representa y prefiere votar por la recuperación institucional?
La caída de Urtubey en Salta y de Schiaretti en Córdoba posiciona a Sergio Uñac en San Juan y Juan Manzur en Tucumán, los únicos vencedores en el colapso nacional peronista, y redefine el mapa político dentro del partido de Perón. Su pedido de un rearme sin Cristina también marca la fragmentación que produce la ex presidenta y lo funcional que resulta al proyecto de Macri 2019. ¿Se atreverán los legisladores y jueces a quitarle los fueros y llevar a la cárcel a la jefa de De Vido, como pide el mandato social? ¿O ganará la lógica política? Un dilema que marcará el derrotero institucional los próximos años.
Esa gran cantidad de votos la logra Cambiemos en Madariaga también gracias al acierto al elegir candidatos que representan el reclamo social actual; mediante la realización de obras que en su resolución demuestran responder al pedido colectivo y porque en el contraste quedó en evidencia el adormecimiento y la falta de transparencia de los últimos años del peronismo.
Pero dicen que toda crisis representa una oportunidad y tal vez sea el momento en que el peronismo se reconvierta en un partido político acorde al reclamo de los tiempos modernos, aunque eso signifique separarse de su historia para comenzar a escribir una nueva. No puede enfrentar la visión moderna de la política que representa Cambiemos, al que se acopló el radicalismo, sin idéntico sacrificio. Debe remodelarse, recuperar la lucha original pero envuelto en institucionalidad y democracia. En términos prácticos y aunque parezca un juego de palabras, volver a ser lo que nunca fue.
Hasta hace poco podía verse el cartel de Unidad Ciudadana con la foto de una Cristina triunfante en el ingreso por la calle Pellegrini. De fondo, una amplia senda peatonal construida por el gobierno actual. El recuerdo del oscuro manejo de los fondos de Julio De Vido anulando el federalismo es inevitable, grandes carteles con obras que no se realizaban y que el gobierno actual está haciendo. Un contraste que explica claramente los 7296 votos de Cambiemos contra los 3106 de Cumplir o los 5244 unificando las tres listas de origen peronista en General Madariaga. Números claros, totalmente previsibles en una tendencia que se acentuará hasta que el peronismo no cambie, otra ironía pero deben mirar para adentro, analizar la derrota, y gritarse fuerte a sí mismos: “Cambiemos”.



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