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30-06-18 Pocos conocen su trabajo en el CIC. Enseña y ayuda a alumnos de primario a mejorar sus resultados. Contiene y escucha a más de 10 alumnos dos veces por semana.

Los martes y jueves, de 15:30 a 18:30, uno de los sectores del Centro Integrador Comunitario del barrio Quintanilla recibe a más de 10 chicos que llegan desde distintas escuelas para recibir apoyo escolar. Algunos consultan sobre temas que no entienden, otros piden ayuda para resolver la tarea y, algunos, quieren prepararse para un examen. Aquí nadie toma asistencia, nadie los reta y no se les pide más que orden y atención. Las clases de apoyo escolar cada día tienen más adeptos y esos pequeños alumnos saben, o aprenden, que sólo la dedicación y el compromiso los ayudará a salir adelante.
Lina García cursa el cuarto año del profesorado de educación primaria y es la docente que escucha y orienta a estos niños del nivel primario. “Esto parece un multigrado porque tenemos chicos de 1º a 6º año pero estamos preparados para eso”, dice.
Cada uno tiene su espacio, su tiempo de consulta y la atención de “la maestra”. El número se incrementa con el paso del tiempo y, tal vez, es el “boca a boca” el que hace que esta actividad avance y atraviese una problemática que existe en todos los salones. Ya no importa si viven cerca o lejos del CIC. Tampoco importa si son hijos de docentes. Todos se reúnen dos veces por semana para pedir asistencia sin vergüenza.
“Lo más lindo vi fue que se acercan de más escuelas y está bueno que toda la comunidad se entere de esto. Precisan esfuerzo en la lectoescritura, en las cuentas y la satisfacción más grande, para mí y para ellos, es que son ellos los que están creciendo y avanzan”, resalta al hablar con División Prensa.
La nota le causa sorpresa. Seguramente no se esperaba que su granito de arena un día sea publicado. Tampoco se imagina la repercusión que estas líneas puedan tener de aquí en adelante.
A Lina lo que más le gusta es ver los avances. Sabe que, en principio, debe hablar con los niños y sus padres sobre responsabilidades dentro de esta aula de ayuda. Por eso, dice que es importante que los padres los lleven y los pasen a buscar para que sean los menores los que aprendan que el compromiso de aprender involucra y le importa a todo el núcleo familiar.
Ella sólo les pide orden a los alumnos y lo precisa porque tiene que ir verificando el trabajo que cada chico tiene que desarrollar. Hay temáticas diferentes y ejercicios distintos a resolver. Todo es muy parecido a lo que sucede en un colegio rural con aulas en donde varios grados conviven.
“Ellos son capaces. Tienen dificultades pero todo lleva un tiempo y un proceso. Aquí los acompañamos, hablamos de técnicas de estudio y tratamos de descomprimirlos en comparación con la escuela”, sostiene.
“Los niños son un potencial hermoso en sí mismo. Si vas a ser docentes y te gusta lo que hacés, vas a romper barreras y lo vas a lograr. Es una satisfacción muy grande y ven el fruto del trabajo”, explica mientras recuerda que algunos de los menores ya le han mostrado una mejoría en sus notas.
“Si un niño no puede aprender de la manera que enseñamos, quizás debamos enseñarle de la manera que ellos aprenden” es un leitmotiv que surca el aire del salón del CIC y que la docente utiliza para incentivar a las familiar que precisan del apoyo y el acompañamiento escolar.

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